Sobre la magia de las palabras para facilitar los cambios

Vivimos en la realidad que construimos con nuestras palabras.

Rafael Echevarría en su obra “Ontología del lenguaje” defiende que el lenguaje es el elemento distintivo de lo humano, es acción y nos ayuda a definir nuestro entorno.

“Los límites de tu lenguaje son los límites de tu mundo” Ludwig Wittgenstein

Todos tenemos una serie de palabras fetiche, aquellas a las que recurrimos cuando queremos expresar lo que pensamos, lo que sentimos, la emoción que nos ha embargado o la interpretación particular y personal que hemos hecho de un acontecimiento. Cuando rebuscamos en nuestro diccionario interno nos surgen esos términos que hemos hecho propios y que se han convertido en las piedras base para construir nuestros argumentos y explicaciones. Recurrimos una y otra vez a ellas porque las hemos impregnado de un hechizo personal y las utilizamos como mantras de lo que somos y lo que queremos trasladar a los demás de nosotros mismos.

¿Cuáles son tus palabras protectoras? ¿Qué dicen de ti los términos que utilizas?

Mi palabra talismán es “facilitar”, acudo a este término y sus derivaciones léxicas con relativa frecuencia porque representa en parte la esencia de lo que hago y de lo que me motiva e inspira. Esta palabra hace alusión a lo elemental, a hacer sencilla y práctica cualquier cosa para obtener alguna finalidad.

¿Qué tipos de propósitos tenemos en nuestros días? Ya hemos analizado lo difícil que es adaptarse a un entorno cambiante y demandante. Es precisamente en este contexto de cambios abruptos, de transformaciones ambiguas y de retos constantes donde se hace necesario contar con modelos (procesos o personas) que nos ayuden a cruzar el Rubicón con cierta seguridad y estrategias estructuradas.

 

Hazme un favor, piensa en cómo han sido los últimos meses de tu vida, echa la vista atrás 12 o 18 o 24 meses y selecciona los dos o tres principales cambios a los que te hayas enfrentado (y que hayas afrontado). Estoy segura de que podrías hacer un listado mucho más largo. Quizá han sido cambios personales, evoluciones profesionales, temas familiares, transformación física… da igual, en definitiva, ya no eres la misma persona que hace un tiempo porque las reglas externas del juego cambian constantemente y eso hace que desarrollemos estrategias para adaptarnos a ellas: recordemos a Darwin, solo sobrevive el que mejor se adapta. Por lo tanto, si ahora puedes reflexionar sobre esos cambios es que te has adecuado y acoplado a estas nuevas demandas.

Todos los cambios duelen. ¡Bien lo sabemos! Algunos se nos clavan y otros nos arañan, pero difícilmente permanecemos inmutables ante las instancias de nuestro entorno. Puede ser que de repente la empresa cambie de modelo de negocio, el jefe se vuelva más exigente, los objetivos resulten inalcanzables, los familiares no nos entiendan como antes, nos aborde un drama que se nos antoja inmanejable… Da igual lo que suceda, la única opción de salir victoriosos es adaptarnos, y eso implica pasar por ese sufrimiento de “aprender a hacerlo de manera diferente. Renovarse o morir”.

Las famosas curvas del cambio que nos describen relevantes autores como Kotter, Kuber-Ross, Fisher afortunadamente nos ayudan a comprender que lo que nos pasa es normal y que precisamente por lo polarizable que resulta a la condición humana se ha estudiado y se puede teorizar sobre ello.

Aquí es donde creo en el poder de mi palabra mágica FACILITAR

–          Permite que alguien o algo te acompañe en tu proceso de adaptación

–          Que te ayude a ver las opciones que tienes

–          Te proporcione un espacio para valorar alternativas

–          Te ofrezca apoyo y reconocimiento

–          Te surta de herramientas eficientes

–          Esté a tu lado hasta que hagas consciente todo aquello que no sabes que sabes y que será lo que te ayude en tus próximos retos y desafíos.

¿Qué es eso que puede energizarte e inspirarte lo suficiente para hacer que el proceso resulte más sencillo?

Procurarte un facilitador que te facilite un camino más fácil.

Sé que no hay una única respuesta, de hecho, podría haber una respuesta para cada persona y seguramente para cada proceso de cambio. A veces es suficiente con hablar con un amigo, otras con poner palabras a lo que nos pasa y lo que sentimos, muchas veces si somos afortunados es nuestro líder/jefe el que nos inspira y mentoriza en el camino, en ocasiones pedimos ayuda a aquello a lo que tenemos fe, y en otras ocasiones es necesario dejarnos acompañar por un facilitador experto.

El facilitador trabajará desde la inclusión y el respeto para hacer posible que algo suceda, encontrar soluciones propias y traducirlas en planes de trabajo que puedas aterrizar en tu vida, en hechos que provoquen resultados diferentes por el mero hecho de haber puesto en marcha mecanismos de pensamiento y acción distintos.

En función de la necesidad el facilitador será un coach, un formador, un consultor o un terapeuta. Y aunque será muy importante definir bien el role que debe jugar en su intervención, en la esencia de su trabajo encontraremos su contribución a que puedas alcanzar tus metas de forma más efectiva.

El facilitador es el catalizador que te accionará para que logres mejores resultados aplicando diferentes procedimientos de trabajo en función de su especialidad.

El Método eFerVesciendo™, diseñado para que todos podamos alcanzar nuevos retos de manera eficiente, se asienta sobre 8 pilares. El primero, el E-ntorno, lo hemos descubierto en anteriores posts destacando la importancia de conocer lo que sucede a nuestro alrededor para poder prepararnos para la acción. El segundo puntal tiene que ver con lo descrito en esta entrada F-acilitar para inspirar, para reaccionar, para acompañar, para aprender y, en definitiva, para cambiar.

¿Qué tipo de facilitadores quieres que te acompañen en tu viaje?

¿Qué estás dispuesto a hacer para que el camino sea más fácil?

¿Cómo facilitas – inspiras a otros en sus travesías?

Un proceso de cambio implica aprender, en la medida en que permitas que un facilitador de procesos de transformación vaya a tu lado te sentirás más cómodo y empoderado para alcanzar lo que te propongas.

Me ha encantado compartir mi palabra mágica contigo ¿Cuál es la tuya?

Nos volvemos a encontrar pronto.

 

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